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martes, 28 de octubre de 2008

lunes, 22 de septiembre de 2008

Aurora




La semana pasada mi madre ingreso en el hospital, allí conocí a esta señora.


Ella es Aurora, una señora entrañable, adorable, encantadora vamos un pedazo de pan.


Llevaba varios días sin tener visita, su sobrina que la adora vive fuera de la ciudad. De vez en cuando la gente de la residencia donde vive, va a verla.


Su vida no ha sido precisamente un jardín de rosas, desde ya hace mas de 47 años ella sufre artritis.

Su enfermedad deformó completamente sus manos y pies. Sus codos están llenos de llagas, además sufre del corazón, necesita el oxigeno para respirar.


Sus problemas de salud no la impidieron valerse por si misma y vivía feliz.


Me contó que en su pueblo había unos niños que eran deficientes, eso la hizo ver que era afortunada, no tenia de que quejarse que Dios y la vida a veces nos ponían pruebas que había que superar.


A la hora de la comida y cena, la ayudaba a subirse a la cama y abrir sus pastillas, la traía agua, cuando estaba sentada en la silla, la tapaba la piernas y se la ponía en alto.

Siempre me decía que como podía pagarme lo que estaba haciendo. Que la molestaba tener que pedir ayuda.


Una tarde su catéter se soltó. Su sangre empezó a empapar su brazo, manchando el camisón y bata. Llegó la enfermera, ella me dejó un guante para taponar la herida mientras iba a por lo necesario para curarla.

A mi juicio estaba perdiendo bastante sangre, pero ella permaneció tranquila, sin quejarse.

Si esto le hubiera pasado a otra persona, seguro que hubiera puesto el grito en el cielo.


Mi madre ya salió del hospital, aún así la hago visitas, con gusto y mucho cariño hubiera hecho más, ella me recordó que todos necesitamos de los demás, que tenemos una fuerza interior para afrontar lo que llegue en esta vida.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Piel




Los árboles dejan caer las primeras hojas, agosto quedó atrás, colores nuevos se entremezclan.
Las nubes de algodón se han transformado en lluvia, la ciudad emana olores a tierra mojada.

Paso siempre por los mismos lugares pero para mi todo cambia, siempre veo algo nuevo.
Hoy me di cuenta, de regreso a casa la vi, inmóvil, bajo la lluvia, con su abrigo transparente hecho de bolsas de basura.
Lleva un pañuelo en la cabeza y sus manos mantenían una fotografía, sus hijos pensé yo.
Algo en mi interior me condujo hacia ella.
-¡Buenos días! – dije yo.
Ella levantó su cara, un rostro lindo pero marcado por sus andanzas.
-¡Buenos días!- respondió ella.
¿Qué tal está?- pregunté.
Bien, pero tengo frío y mis hijos también-respondió ella.

Su cara iba cambiando poco a poco, una leve sonrisa había en sus labios.
Tras una breve conversación la ofrecí ropa para sus hijos, ella me pidió una manta, pues vivían en la calle y no tenían ropa de abrigo.
A la mañana siguiente la lleve lo ofrecido y la manta que me había pedido.
La suelo ver de regreso a casa, a veces me paro y hablo con ella, pero si sigo mi camino, ella me dedica una sonrisa y su rostro se transforma e ilumina.

“Ayuda a quien tengas a tu lado, tu corazón será más humano”.